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Una de las empresas familiares más antiguas del mundo

Las empresas familiares deben compatibilizar las tensiones familiares con otras más propias del mundo de los negocios, dando lugar en muchos casos a difíciles coyunturas, especialmente a la hora de la sucesión, momento crucial para su futuro. Esta situación ha quedado reflejada en numerosos proverbios y dichos. Por ejemplo, este dicho mexicano hace referencia al relevo generacional en los negocios y sus consecuencias “Padre bodeguero, hijo millonario, nieto pordiosero“. Y la verdad es que según ciertos estudios por lo general las sagas empresariales no logren perpetuarse más allá del nieto del fundador. Aportando datos concretos, se puede decir que tan sólo el 20% de las empresas familiares permanecen en las mismas manos del clan durante más de 60 años. Aunque si escarbamos un poco podemos encontrar ejemplos de empresas que contradicen esta afirmación y cuya historia es digna de contarse como es el caso de Kongo Gumi.

Empresas familiares: unidas por la sangre y el dinero.

Empresas familiares: unidas por la sangre y el dinero.

La empresa constructora de templos nipona Kongo Gumi ostentó hasta el 2006, año de su quiebra y posterior absorción de sus activos por un coloso de la construcción, el título de ser la empresa más antigua del mundo. Sus orígenes se pueden rastrear hasta el año 578 después de Cristo, cuando Shigemitsu Kongo, un carpintero procedente del reino coreano de Paekche, embarcó hacia Japón atraído por la oferta de trabajo surgida por motivo de la construcción del templo budista Shitennoji, primera edificación religiosa  patrocinada por la realeza del país, en concreto por el príncipe Shitennoji, segundo hijo del emperador, además de ser una de las más antiguas del país. Hasta 40º generaciones de descendientes de este artesano coreano mantuvieron durante cerca de 1.500 años el oficio de su antepasado construyendo templos, edificaciones religiosas y edificios de otra índole.  Ejemplos representativos son el castillo de Osaka, del siglo  XVI y el templo budista Hōryū-ji, localizado en Nara.

Templo de Shitennoji

Templo de Shitennoji, la primera edificación en el haber de la familia Kongo, quien lo ha restaurado hasta siete veces.

Un pergamino datado en el siglo XVII de unos tres metros de longitud  ha permitido rastrear el origen de esta familia y su evolución a través de sus generaciones. A través de él se ha podido constatar que en muchas ocasiones, ante la falta de descendencia masculina, los yernos tomaban el apellido Kogi heredando el negocio del suegro.

Castillo de Osaka, en cuya construcción intervinó la familia Kongo.

Castillo de Osaka, en cuya construcción intervinó la familia Kongo.

Viendo la enorme longevidad que alcanzó esta empresa, no cabe sino preguntarnos cómo pudo sobrevivir tanto tiempo. Para su último presidente, se trataba de “mantener el equilibrio entre la técnica y el corazón“.  Pero hay otras variables que aseguraron la supervivencia de esta firma. Llegado el momento de la sucesión  en la dirección de la empresa, Kongo Gumi rompió la tradicional costumbre de algunas empresas según la cual el hijo mayor debía tomar las riendas del negocio. Este grupo siempre buscó al sucesor más capacitado, primando su estado de salud, su capacitación y conocimiento de los negocios, y su sentido de la responsabilidad.

Varios trabajadores de Kongo Gumi, hacia comienzos del siglo XX.

Varios trabajadores de Kongo Gumi, hacia comienzos del siglo XX.

Para recalcar esta actitud de la Kongo Gumi permitidme contar un ejemplo muy ilustrador. En plena Gran Depresión del 29 , el representante de la 37ª generación de este grupo se suicidó a la edad de 35 años, incapaz de sobrellevar la crisis económica y el temor a no poder dar trabajo a todos sus trabajadores. Entonces, su viuda, Toshie, sin amedrentarse ante este mundo eminentemente masculino se hizo cargo del negocio al no tener un sucesor varón en el que sustentarse. El tifón Muroto destruyó el 21 de septiembre de 1934 parcialmente el templo Shitennoji y las autoridades encomendaron su construcción a la Kongo Gumi. Posteriormente, debido a la destrucción causada por los bombarderos aliados el templo tuvo que ser reconstruido. En 1948,  Toshitaka, casado con Okayoho, la más joven de sus tres hijas, fue adoptado por la familia convirtiéndose en el responsable de la compañía de la que Toshie siguió como presidenta hasta los 60.

Anuncio de un edificio construida por la empresa Kongo Gumi.

Anuncio de un edificio construida por la empresa Kongo Gumi.

Sin embargo como todo en esta vida y como dice un refrán castellano “a todo cerdo le llega su San Martín“, es decir que a todos nos llega el final de una manera u otra más pronto ó más tarde. Y Kongo Gumi no fue una excepción que confirma la regla. Afectada profundamente ya desde la creciente secularización que vivió el país nipón durante la restauración Meiji a finales del siglo XIX y XX, y que  conllevó un pronunciado descenso en la demanda de templos; la empresa, acostumbrada a trabajar para el Estado, tuvo que dirigir su actividad hacia otros mercados añadiendo a la lista de construcción de templos y edificios de la misma índole, edificios privados tales como viviendas particulares, escuelas, sepulcros y residencias para ancianos. Aún con la supresión de los subsidios estatales para la construcción y mantenimiento de templos en 1998, el último directivo de la firma Masakazu Kongo declaraba al periódico Time Asia en 2004 <<los templos son nuestro centro de atención, ya que suponen el 80% de las ventas del grupo, que se acercan a los 70 millones de dólares anuales>>.

Pero la suerte estaba echada. La llegada de Masakazu Kongo al poder a mediados de los 80 después de una intensa formación universitaria en EE.UU no logró evitar la caída de la firma familiar. Durante la burbuja inmobiliaria que sacudió Japón durante la década de 1980 la empresa se endeudó fuertemente en la especulación inmobiliaria. Tras estallar la burbuja durante la crisis económica de 1992-1993 el valor de los activos destinados a pagar su deuda se desplomó.  Aunque la directiva resolvió en el año 2004 despedir a parte de su plantilla y ajustaron los presupuestos, ninguna medida pudo evitar que ese mismo año los ingresos descendieran un 35% y ya en 2006 tras una parálisis general la empresa no pudo hacer frente a los intereses de los 343 millones que adeudaban declarándose en quiebra. Kongo Gumi se convirtió en  activos fueron absorbidos por  el gigante de la construcción Takamatsu. C´est fini.

Fuentes:

  • Sala, Agustí, Sucedió en Wall Street, Ed. Robinbook, Barcelona, 2006.
  • <<Built to last. The world,s Oldest Family Firm>>, Time Asia, 23 de febrero de 2004.
  • Web MateriaBiz Lecciones de la quiebra de una empresa familiar de 1.400 años de antigüedad.
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  1. luis carlos saavedra
    agosto 22, 2009 en 10:52 pm

    la informasion esta muy interesante pero falta que hablen mas y amplien mas sobre el tema desde q comenzo la ingenieria y arquitectura de esta cultura x q es muy poco lo q hay en la pagina.

    • Alberto Gamarra Gonzalo
      agosto 23, 2009 en 12:57 pm

      Buenas Luis. Gracias por comentar esta entrada pero respecto a si podría ampliar la información sobre la arquitectura japonesa creo que no te puedo ser de mucha utilidad. Aparte de la película “El último samurai” no he tenido mucho contacto con la cultura japonesa.

      Un saludo

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