
<<Morirás. Esto es naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Derecho es de las gentes volver lo que recibiste. Morirás. Peregrinación es la vida; cuando hayas caminado mucho es forzoso volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La naturaleza en naciendo me puso este término, ¿qué tengo de poderme quejar? A esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede estorbarse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero ni el postrero. Muchos murieron antes de mí, todos después. Morirás. Este es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré que no sea mortal>>. (Séneca)
(Fotografía de Bhistoriaromana)
Se dice que Napoleón tenía lo que vulgarmente se entiende como “un oído enfrente del otro”. Precisamente a él se le atribuye esta desafortunada frase: “La música es el menos molesto de los ruidos”.

A pesar de ello, cada regimiento de su ejército contaba con una banda de 42 músicos que se convirtio en el modelo de las bandas militares europeas. Esta formación incluía 1 flautín, 17 clarinetes, 4 fagots, 2 serpentones, 3 trompetas, 4 cuernos de caza, 3 trombones y 9 instrumentos de percusión.

Retratos de personajes horrendos esbozados por Leonardo da Vinci.
Existen dos versiones respecto al origen de esta expresión.
- Una de ellas se debe a un zapatero llamado Picio, que vivió a principios del s.XIX en Alhendín (Granada). Estaba condenado a muerte y al recibir la noticia de su indulto perdió todo el pelo y se le deformó la cara. Al parecer, mirarle producía tal horror, que, años después, le administron la extremaunción con una caña.
- La otra versión, identifica a Picio con el dios griego Hefesto, hijo de Zeus y Hera, que se corresponde al latino Vulcano. La tradición mitológica lo describe como cojo y desgarbado, sin espaecificar si fue esa la razón por la que Afrodita (Venus) le fuera infiel.
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