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La última carga de Almanzor

El 11 de Julio o Agosto de 1002 moría a los 73 años en la localidad soriana de Medinaceli, Muḥammad ibn ‘Abd-Allah ibn Abū ʿĀmir (en árabe, أبو عامر محمد بن عبد), llamado Al-Manūr (المنصور), el Victorioso, más conocido como Almanzor, político y militar andalusí ,tras ver como su ejercito era barrido tras sucesivas escaramuzas y batallas, poniendo como final la legendaria batalla de Calatañazor en la que fue herido de gravedad. Moría aquel que fue considerado como el anticristo por los cristianos y el martillo de Ala por los musulmanes. Sembró el terror y arrasó Santiago de Compostela, centro espiritual de lo que había quedado de la España visigoda, y sólo lo venció la muerte. Almanzor se fue de la mano de Caronte con una sonrisa agria, al ver que su hijo y sucesor Abd al-Malik, abandonar su tienda con el rostro en lágrimas, al que reprocho su falta de valor con palabras que demostraron ser proféticas: “Esta me parece la primera señal de la decadencia que aguarda al imperio”. Y no se equivoco el moribundo, pues a la muerte de Add al-Malik, se dice envenado por su hermano, acaediza 6 años después, el Calífato de Cordoba se desmembraría en el  estallido de una fitna o guerra civil; dando lugar a la división de Al-Andalus en taifas. Esta situación fue aprovechada por los reinos cristianos para recuperar terreno y estar preparados para la siguiente batalla (Alfonso VI de Castilla tomo en 1085, Toledo).

Aquí os dejo un fragmento de un artículo publicado en “Recuerda…”, el boletín sindical de las C.N.S (Central Nacional de Sindicatos) de Soria, el 1 de Junio de 1955, en el nº 63, referido a la última batalla del Almanzor.

“…Almanzor venia derrotado y en este lugar quiso nueva acampada y nueva refriega. El o los suyos, se ignora. Pero los moros se rehacen; afilan con furia en las piedras areniscas los alfanjes; alzan su estandarte infiel en el que campea una media luna… y se enfrentan a los hijos de Dios, a los del Dios verdadero.
Almanzor, el azote impío de la cruz y los cristianos… agoniza. Y alzándose un poco en la litera en la que era transportado, con un rictus de odio, de maldad y de agonía, arenga a la fanática morisca.
Agarenos…Siervos de Alá… Hermanos en la verdad y doctrina de Mahoma… Muere ya el azote de la Cruz y de sus siervos. Se acaba mi vida y ella se me va con todo el coraje que puede acabarla vida de un caudillo que ha sido derrotado; pero aún lo tengo-aún me queda coraje-para subir a la torre y allí detener a tajos de mi alfanje corto a los perros cristianos que nos siguen…
Con este coraje furioso con que en este valle quieto… estoy muriendo… os arrojo a vosotros, hijos de Alá, a que subáis contra ellos y lleguemos otra vez a Compostela para que si aún quedan chicharras(campanas), las traigan a nuestros muecines de Granada…
Calla Almanzor y muere. Muere, efectivamente, con todo el coraje de una derrota; la de Calatañazor. Y con el presentimiento de que el resultado de la otra batalla a la que el había instado antes de morir, en los campos de Caracena, de Baraona y de Val-de-la-torre, había sido adverso.
Porque los sarracenos atendieron la arenga del agonizante y volvieron al lugar que hoy se sigue llamando Val-de-la-torre, y cuyos cimientos aun pueden verse, y allí sufrieron la mas terrible derrota que ellos hubiesen podido imaginar.

Dos derrotas colosales en poco más de jornada y media, que duró el camino y el traslado de los utensilios de guerra que no perdieron en “el pico de las águilas”, y de los heridos entre ellos el Caudillo y algunos muertos. Almanzor y con él el poderio musulmán, iban a recibir definitiva sepultura en el “cerro 4º” de la vecina Medinaceli…”
El articulo completo en “Pueblo de Bordecorex

El arma secreta de Yusuf

marzo 27, 2008 1 comentario

Reproducción de un códice con una ilustración de guerreros musulmanes.

Reproducción de un códice con una ilustración de guerreros musulmanes.

La música se ha utilizado con fines militares durante muchos años: la mayor parte de las veces para animar a los soldados e infundirles valor; en otras ocasiones, incluso para amedrentar al enemigo. Este es el caso de la historia de los tambores de Yusuf.

Durante el siglo XI invadieron la península Ibérica los terribles almorávides al mando de Yusuf. Eran una especie de monjes-soldado musulmanes con una visión rigorista del Islam. Su ejercito estaba formado por guerreros vestidos totalmente de negro, que se lanzaron contra los reinos cristianos utilizando una nueva arma: miles de grandes tambores y escudos, hechos o revestidos por la recia piel del hipópotamo. Cuando los tocaban ensordecían a los enemigos que huían aterrorizados. El propio rey Alfonso VI estuvo a punto de morir en la batalla. Tan solo un ejército cristiano logró derrotarles: el de Rodrigo Díaz de Vivar, alias el “Cid“.

Ver también:

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