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El apóstol Santo Tomás en América

diciembre 30, 2008 3 comentarios

Venerado como santo tanto por la Iglesia Católica como por la Ortodoxa, Judas Tomás Dídimo ha pasado a la posteridad por ser uno de los doce apóstoles de Jesús de Nazaret, de quien la tradición ha hecho que fueran primos de segundo grado. En su origen era un pescador del mar de Galilea de carácter depresivo y pesimista, destacando por su incredulidad, la cual le llevo a dudar de la Resurrección de su maestro. La Iglesia le ha atribuido la evangelización las regiones orientales allende el Imperio Romano, en especial de Siria, Persia e India, donde tras una vida de predicación murió en Mylapore, localidad de la actual ciudad de Madrás.

La duda de Santo Tomás, relieve del claustro de Santo Domingo de Silos.

La duda de Santo Tomás, relieve del claustro de Santo Domingo de Silos.

Desde el siglo XVI, comenzaron a circular versiones sobre una hipotética evangelización del apóstol Santo Tomás entre los nativos del Nuevo Mundo mucho antes del descubrimiento de América por Colón. La base de esta leyenda, introducida posiblemente en el continente sudamericano por los jesuitas, se encuentra en el recuerdo de los “indios predicadores”, santones hechiceros nativos y la certeza de que el apóstol habría predicado por Persia, Etiopía y las Indias Orientales.

Sello postal portugués, conmemorativo del 4ºcentenario del nacimiento de Nóbrega (1954)

Sello postal portugués, conmemorativo del 4ºcentenario del nacimiento de Nóbrega.

La mención más antigua de la leyenda conocida aparece en una obra alemana “Zeitung aus presillig (Brasilig) landt” y se reduce a unas lineas: <<…Notamse nesta gente reminiscencias de S.Thomé.>>. El verdadero impulsor de la leyenda fue Manuel de Nóbréga, (1517-1570) un misionero jesuita, fundador de las misiones de Brasil y primer obispo de la diócesis brasileña, quien en una carta dirigida en 1549 desde Salvador de Bahía al canonista de origen navarro Martín de Azpilcueta (1493-1586), en la que relataba que en muchas regiones brasileñas se daba por cierta la predicación de Santo Tomás por esas tierras. Años más tarde, el propio Nóbrega hallaría unas supuestas huellas de Santo Tomás, parecidas a las que el apóstol había dejado en Ceylán.

Otro participante en la leyenda fue el también hijo de San Ignacio Antonio Ruiz Montoya (1538-1652), uno de los principales misioneros jesuitas en el Paraguay, quien para subsanar el problema que planteaba la improbabilidad del viaje transoceánico del apóstol, defendió que Santo Tomás había llegado a la Bahía de Todos los Santos en: <<…embarcaciones romanas que por la costa de África tenían comunicación con la América o por milagro, que se puede tener por más cierto>>.

El último resplandor de la leyenda la protagonizaron tres mexicanos: el matemático e historiador Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700), quien defendió que el apóstol Santo Tomás no había predicado en la India sino en las Indias, poniendo como argumentos que el recuerdo de su figura había pervivido a través del dios mesoaméricano Quetzalcóatl; José Ignacio Borunda (1740-1800), abogado nacido en Querétaro, publicó un alucinante escrito “Clave historial” a raíz del descubrimiento de ciertos objetos prehispanicos en la Plaza de la Constitución de Ciudad de México en 1790 en el curso de unas obras de remodelación, donde propugnaba de nuevo la síntesis Santo Tomás-Quetzalcóatl además de sostener una delirante teoría según la cual un famoso cuadro de la Virgen de Guadalupe estaba pintado sobre la capa del apóstol; y finalmente, el padre dominico Servando Teresa de Mier (1763-1827), quien acepto las teorías de Ignacio Borunda exponiéndolas en un famoso sermón que pronunció en Ciudad de México el 12 de diciembre de 1794 ante numerosas autoridades novohispanas, entre las que se contaban el Virrey y el Arzobispo de México, y que le valió un destierro por diez años a la localidad cántabra de Las Caldas ya que había cuestionado la legalidad de la conquista castellana del continente americano. Ya se palpaba en el ambiente las ideas revolucionarias que desembocarían en las guerras de independencia hispanoamericanas.

Fuentes:

Vía: Blog Historia de América

El mar de los Sargazos

diciembre 23, 2008 4 comentarios
Serpiente de mar, según Gesner, 1598.

Serpiente de mar, según Gesner, 1598.

Los principales mitos y leyendas de la conquista del Nuevo Mundo se cristalizaron en los primeros siglos del descubrimiento. Los conquistadores, en su mayoría iletrados y sin formación (El conquistador y explorador extremeño Francisco Pizarro era, antes de su paso al Nuevo Mundo, un analfabeto dedicado a cuidar cerdos); deslumbrados y atemorizados intentaron ante esas exuberantes tierras a las que intentarían encontrar una explicación. Así que echaron mano del bagaje cultural que habían traído desde el Viejo Mundo basado en un popurrí empapado del imaginario pagano y medieval, con una débil patina eclesiástica. Y poco a poco se produjeron los mitos geográficos como la Fuente de la Eterna Juventud, la California, el Dorado, el País de la Canela, etc…; así como otros desvaríos mentales como en el caso de los gigantes, las amazonas, e islas fantásticas e inalcanzables como Fontasía o la Antilia.

Mapa del mar de los Sargazos, con indicación de las corrientes marinas circundantes.

Mapa del mar de los Sargazos, con indicación de las corrientes marinas circundantes.

Este es el caso del Mar de los Sargazos. Geográficamente hablando es una región ovalada del océano Atlántico norte, entre las Antillas y las Azores. Delimitado por cuatro corrientes que fluyen en el sentido de las agujas del reloj alrededor de este mar. : la corriente del Golfo, la corriente del Atlántico norte, la corriente de las Canarias y la corriente norecuatorial; recibe este nombre por la abundancia de una alga marina llamada sargazo, la cual se se adapta a esta cálida zona salada. Se caracteriza por la debilidad de sus corrientes, la escasa precipitación, la alta evaporación, y por ser un desierto biológico, pues pocas especies pueden adaptarse a sus aguas saladas; lo que en conjunto hace que fuera un suplicio para los antiguas navegantes. Otra curiosidad es que las anguilas eligen este mar para desovar nadando en su camino desde Europa hasta Norteamérica.

Perteneciente al imaginario medieval que intentaba reflejar el oscurantismo de la época, se le imaginaba lleno de secretos, monstruos maravillosos y leyendas ilusorias, capaz de tragarse en su seno flotas enteras sin dejar rastro. Pero su nacimiento se remonta a la Antigüedad.

Desde el siglo XI A.C, el pueblo fenicio había ido diseminando y formando nuevas rutas de comercio marítimas por toda la cuenca occidental mediterránea mediante la construcción de numerosas colonias y factorías por sus costas, a la vez que expandían sus conocimientos y cultura, cuyo ejemplo más característico sería el legado de su alfabeto a los griegos. Fueron los Fenicios, quien a través de sus viajes a las fabulosas islas Casitérides (probablemente las Islas Británicas), empezaron a propagar, con el fin de evitar la competencia de competidores, noticias sobre la existencia de un mar situado al oeste de las Columnas de Hércules con una vegetación tan espesa que hacía encallar a los barcos que se aventuraban por esos lares. Así en el siglo IV el poeta romano de origen etrusco Rufo Festo Avieno compuso el poema <<Ora maritima>>, en el que declamaba:

<<Aquí las naves dilatadamente

Son impelidas de ningunos vientos.

Tan tarda es el agua, el mar tan perezoso,

Que confunde y espanta los ingenios;

Y añade que hay entre las blandas fauces

De algas marinas verde pavimento

Que a veces, como yerba, de las naves

Impide el curso contra vela y remo;

Pero no obstante, dice, no penetra

Lo profundo del mar: antes el suelo

Apenas cubre el agua; y siempre vaga

La fuerza, va su oposición venciendo… >>

Esta leyenda, distorsionada y agigantada a lo largo de los siglos, fue adoptada como propia por los pueblos europeos de tradición marinera, hasta que formo parte del imaginario medieval. Así los escandinavos relataban la leyenda de la existencia de un inexplorado mar Glacial, y los irlandeses describían el mar Coagulado, difuso en el Atlántico, siempre infranqueable, y asociado al infierno, la falta de vientos, la abundancia de algas y la muerte.

Mapamundi de Andrea Bianco, 1432

Mapamundi de Andrea Bianco de 1432, en el que el Este aparece orientado en la parte superior

En su mapa de 1436, Andrés Bianco apuntaba junto a la isla Antilia: “Questo he Mar de Baga” (Esto es el mar de los Sargazos). A lo largo de los siglos, se relaciono este mito con el del continente perdido de la Atlántida y con el Triángulo del Diablo. Cristóbal Colón, durante su primer viaje, recogió la impresión que le produjeron las masas de algas en su diario:

<<…aquí comenzaron a ver manadas de yerba muy verde que poco avía (…) que se había despegado de la tierra. Por lo cual todos juzgaban que estavan cerca de alguna isla…>> (Diario de Colón, día 16 septiembre)

El mito feneció cuando se hizo común que las naves que ondeaban el pendón de Castilla cruzaron y navegaron por estas zonas sin más molestias que soportar varios días la calma chica.

Fuentes:

Vía: Blog Historia de América

Los nombres prohibidos

diciembre 5, 2008 86 comentarios

En España no se puede llamar a los hijos como a los padres les venga en gana. Existen unos límites regulados en los artículos 54 de la Ley del Registro Civil y el 192 de su Reglamento. Están prohibidos los nombres que perjudiquen a la persona o afecten su dignidad, como Caín o Judas. Respecto a los diminutivos, la ley admite nombres que tengan la misma relevancia que el nombre propio del que derivan, tales como Sandra, Mariola o Lola. Sin embargo, otros como Nacho y Charo no se permiten. También se prohíben nombres que no especifiquen el sexo del poseedor (aunque Trinidad, Consuelo, Cruz, Olvido o Sagrario pueden emplearse para referirse a ambos sexos), y tampoco se podrán imponer más de nombres simples que se unirán por un guión, o más de uno compuesto. Por otra parte, se permiten los nombres de origen extranjero, de personajes históricos, mitológicos, artísticos, geográficos. Y en general nombres abstractos o de fantasía, como Libertad o África.

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