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El mar de los Sargazos

Serpiente de mar, según Gesner, 1598.

Serpiente de mar, según Gesner, 1598.

Los principales mitos y leyendas de la conquista del Nuevo Mundo se cristalizaron en los primeros siglos del descubrimiento. Los conquistadores, en su mayoría iletrados y sin formación (El conquistador y explorador extremeño Francisco Pizarro era, antes de su paso al Nuevo Mundo, un analfabeto dedicado a cuidar cerdos); deslumbrados y atemorizados intentaron ante esas exuberantes tierras a las que intentarían encontrar una explicación. Así que echaron mano del bagaje cultural que habían traído desde el Viejo Mundo basado en un popurrí empapado del imaginario pagano y medieval, con una débil patina eclesiástica. Y poco a poco se produjeron los mitos geográficos como la Fuente de la Eterna Juventud, la California, el Dorado, el País de la Canela, etc…; así como otros desvaríos mentales como en el caso de los gigantes, las amazonas, e islas fantásticas e inalcanzables como Fontasía o la Antilia.

Mapa del mar de los Sargazos, con indicación de las corrientes marinas circundantes.

Mapa del mar de los Sargazos, con indicación de las corrientes marinas circundantes.

Este es el caso del Mar de los Sargazos. Geográficamente hablando es una región ovalada del océano Atlántico norte, entre las Antillas y las Azores. Delimitado por cuatro corrientes que fluyen en el sentido de las agujas del reloj alrededor de este mar. : la corriente del Golfo, la corriente del Atlántico norte, la corriente de las Canarias y la corriente norecuatorial; recibe este nombre por la abundancia de una alga marina llamada sargazo, la cual se se adapta a esta cálida zona salada. Se caracteriza por la debilidad de sus corrientes, la escasa precipitación, la alta evaporación, y por ser un desierto biológico, pues pocas especies pueden adaptarse a sus aguas saladas; lo que en conjunto hace que fuera un suplicio para los antiguas navegantes. Otra curiosidad es que las anguilas eligen este mar para desovar nadando en su camino desde Europa hasta Norteamérica.

Perteneciente al imaginario medieval que intentaba reflejar el oscurantismo de la época, se le imaginaba lleno de secretos, monstruos maravillosos y leyendas ilusorias, capaz de tragarse en su seno flotas enteras sin dejar rastro. Pero su nacimiento se remonta a la Antigüedad.

Desde el siglo XI A.C, el pueblo fenicio había ido diseminando y formando nuevas rutas de comercio marítimas por toda la cuenca occidental mediterránea mediante la construcción de numerosas colonias y factorías por sus costas, a la vez que expandían sus conocimientos y cultura, cuyo ejemplo más característico sería el legado de su alfabeto a los griegos. Fueron los Fenicios, quien a través de sus viajes a las fabulosas islas Casitérides (probablemente las Islas Británicas), empezaron a propagar, con el fin de evitar la competencia de competidores, noticias sobre la existencia de un mar situado al oeste de las Columnas de Hércules con una vegetación tan espesa que hacía encallar a los barcos que se aventuraban por esos lares. Así en el siglo IV el poeta romano de origen etrusco Rufo Festo Avieno compuso el poema <<Ora maritima>>, en el que declamaba:

<<Aquí las naves dilatadamente

Son impelidas de ningunos vientos.

Tan tarda es el agua, el mar tan perezoso,

Que confunde y espanta los ingenios;

Y añade que hay entre las blandas fauces

De algas marinas verde pavimento

Que a veces, como yerba, de las naves

Impide el curso contra vela y remo;

Pero no obstante, dice, no penetra

Lo profundo del mar: antes el suelo

Apenas cubre el agua; y siempre vaga

La fuerza, va su oposición venciendo… >>

Esta leyenda, distorsionada y agigantada a lo largo de los siglos, fue adoptada como propia por los pueblos europeos de tradición marinera, hasta que formo parte del imaginario medieval. Así los escandinavos relataban la leyenda de la existencia de un inexplorado mar Glacial, y los irlandeses describían el mar Coagulado, difuso en el Atlántico, siempre infranqueable, y asociado al infierno, la falta de vientos, la abundancia de algas y la muerte.

Mapamundi de Andrea Bianco, 1432

Mapamundi de Andrea Bianco de 1432, en el que el Este aparece orientado en la parte superior

En su mapa de 1436, Andrés Bianco apuntaba junto a la isla Antilia: “Questo he Mar de Baga” (Esto es el mar de los Sargazos). A lo largo de los siglos, se relaciono este mito con el del continente perdido de la Atlántida y con el Triángulo del Diablo. Cristóbal Colón, durante su primer viaje, recogió la impresión que le produjeron las masas de algas en su diario:

<<…aquí comenzaron a ver manadas de yerba muy verde que poco avía (…) que se había despegado de la tierra. Por lo cual todos juzgaban que estavan cerca de alguna isla…>> (Diario de Colón, día 16 septiembre)

El mito feneció cuando se hizo común que las naves que ondeaban el pendón de Castilla cruzaron y navegaron por estas zonas sin más molestias que soportar varios días la calma chica.

Fuentes:

Vía: Blog Historia de América

  1. bady
    agosto 27, 2009 a las 8:59 pm

    Me gustaria consegir informacion de algien que haya investigado sobre la reproducion de las anguilas congrios y otras especies parecidas por contrastar una teoria, sobre el peligro en el que se encuentran estas especies

  2. septiembre 1, 2009 a las 11:38 am

    Siempre me fascinó el arrojo de los antiguos descubridores y navegantes. Lanzarse a mares desconocidos con escasas cartas e imprecisas sin saber bien cual sería su destino. sin embargo algunas cosas no han cambiado desde esos navegantes a los de nuestra era, se sigue navegando mirando a las estrellas, es la carta más fiable. Y aún hoy algunos quedan atrapados en esas encalmadas ausentes de corriente alguna. No quiero imaginar hace unos siglos que pasaría por las mentes de esos navegantes cuando quedaban atrapados en una de esas calmas chichas, sin viento ni corrientes y viendo como sus provisiones de agua mermaban… Creo que de momentos como ese surgieron muchas leyendas

    Estupendo artículo. Gracias

    • Alberto Gamarra Gonzalo
      septiembre 1, 2009 a las 2:48 pm

      Gracias por tu comentario Lantia….Lanzarse a tierras desconocidas no fue fácil para nadie ni siquiera para Cristóbal Colón que por mucho apoyo divino que tuviera estuvo a un tris de que su tripulación se amotinara.

      Un saludo

  3. michelle
    junio 5, 2010 a las 10:58 pm

    kisiera saber d la mtologioa griega pero tambien esta interesant esta pagina

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